A sus más de cinco décadas de trayectoria empresarial, Juan José Hidalgo sigue defendiendo los mismos principios que aprendió en su infancia: trabajo, responsabilidad y cumplimiento de la palabra dada. Fundador de Globalia y protagonista de la expansión del turismo español, recuerda sus inicios como emigrante, la creación de Halcón Viajes, el nacimiento de Air Europa y las lecciones que le han dejado los éxitos y las crisis.
¿Cómo recuerda su infancia en Villanueva del Conde (Salamanca) y qué valores le marcaron esa etapa?
Recuerdo mi infancia como una auténtica escuela de vida. En casa no sobraba nada y, siendo el mayor de nueve hermanos, entendí muy pronto que había que ayudar donde hiciera falta. Aquello me enseño que nada llega regalado y que el esfuerzo es la única forma de avanzar. De esta etapa me llevé la constancia, la responsabilidad y una idea que me ha acompañado siempre: cumplir la palabra dada.
Tuvo que emigrar muy joven. ¿Qué aprendió de aquellos años en Suiza?
Me fui porque había pocas oportunidades y quería ayudar a mi familia. Trabajé en distintos oficios y aprendí algo fundamental: la disciplina. Allí comprendí la importancia de la puntualidad, del respeto a los compromisos y de hacer las cosas bien. También descubrí que salir de tu entorno te permite observar necesidades que otros no ven y que muchas veces ahí están las oportunidades.
Después fue chófer de emigrantes y conductor de autobuses. ¿Qué le enseñó aquella experiencia?
Aquel Mercedes con el que transportaba emigrantes fue, en realidad, mi primera empresa. Pasaba muchas horas con personas que viajaban para trabajar o para reencontrarse con sus familias y aprendí que el cliente nunca es un número. Cada persona deposita una confianza en ti y debes responder a ella. También conocí a fondo el negocio del transporte y entendí que cuando cumples y prestas un buen servicio, el crecimiento acaba llegando.
¿Cuándo detectó la oportunidad de emprender?
Cuando comprobé que miles de españoles necesitaban desplazarse entre España y distintos países europeos de forma más cómoda y fiable. Era una necesidad que conocía de primera mano. No surgió de un estudio de mercado, sino de años en la carretera hablando con la gente y entendiendo lo que necesitaba. Pensé que podía organizar ese servicio mejor y ahí empezó todo.
¿Cuál fue el mayor reto en los inicios de Halcón Viajes?
Conseguir que te tomaran en serio. Cuando vienes de abajo y quieres hacer algo grande, todo cuesta más. Había que conseguir clientes, financiación, acuerdos con proveedores y convencer a muchas personas de que el proyecto tenía futuro. Para mí Halcón Viajes fue algo más que una empresa: fue la demostración de que con trabajo y perseverancia se pueden abrir puertas que parecen cerradas.



¿Qué le llevó a apostar por el transporte aéreo y por una compañía aérea como Air Europa?
La propia evolución del mercado. Llegó un momento en que entendí que el avión era el futuro porque permitía viajar más rápido y transportar a mucha más gente. Cuando decidí fletar el primer avión a Zúrich muchos pensaron que era una locura, pero yo veía claramente la demanda. Más tarde, con Air Europa, quisimos demostrar que era posible competir en un sector dominado por grandes compañías y ofrecer una alternativa eficiente y cercana al cliente.
Air Europa cumple 40 años. ¿De qué se siente más orgulloso si mira hacia atrás?
De haber construido una compañía española capaz de competir en un mercado muy exigente. Apostamos por los vuelos regulares, por una flota moderna y por el largo radio hacia América cuando no era una apuesta fácil. Pero, sobre todo, me siento orgulloso de los miles de profesionales que han formado parte del proyecto. Ver despegar un avión de Air Europa sigue siendo una satisfacción enorme.
Globalia integró agencias, aerolínea, hoteles y touroperación. ¿Fue una estrategia o una evolución natural?
Las dos cosas. Siempre entendí que en el negocio turístico todo está conectado. La agencia vende, el touroperador organiza, el avión transporta y el hotel recibe al cliente. Integrar estos servicios nos permitió controlar mejor la experiencia, ser más competitivos y depender menos de terceros. Cada nueva actividad reforzaba a las demás.
Ha vivido numerosas crisis. ¿Cuál fue la más complicada?
Sin duda, la pandemia. De un día para otro se detuvo la actividad mundial, se cerraron fronteras y los aviones quedaron en tierra. Fue una situación extraordinariamente difícil para todo el sector. Lo importante fue mantener la capacidad de reacción, proteger la empresa y buscar soluciones para seguir adelante. Siempre he intentado afrontar los problemas sin perder la calma y pensando en el futuro.


«Siempre he intentado afrontar los problemas pensando en el futuro»
¿Cómo ha cambiado el turismo español desde que comenzó su trayectoria?
Ha cambiado por completo. Cuando empecé, muchos viajes estaban vinculados a la necesidad. Después llegaron los paquetes vacacionales, la expansión internacional y la democratización de los viajes. España se convirtió en una potencia turística mundial y las empresas españolas empezaron a competir en los mercados internacionales. Creo que Globalia contribuyó a ese cambio conectando destinos y acercando los viajes a más personas.
Se le considera un empresario hecho a sí mismo. ¿Qué distingue su forma de gestionar?
Probablemente que siempre he estado muy cerca del negocio real. No vengo de una escuela de negocios, vengo de trabajar en todos los niveles de la actividad. He conducido, he negociado, he gestionado equipos y he tenido que responder personalmente por las decisiones tomadas. Me gusta conocer lo que ocurre sobre el terreno y combinar los números con la realidad cotidiana de la empresa.
En una empresa familiar como Globalia, ¿cómo ha afrontado el relevo generacional y el papel de su familia en el negocio?
En una empresa familiar siempre hay una parte empresarial y una parte emocional. Mis hijos han tenido responsabilidades y han vivido momentos importantes en el grupo, con aciertos y dificultades, como ocurre en cualquier trayectoria. El relevo generacional no es sencillo, porque una compañía de este tamaño exige preparación, compromiso y capacidad de tomar decisiones bajo presión. Siempre he querido que la familia esté vinculada al proyecto teniendo claro que una empresa se sostiene con gestión, con resultados y con responsabilidades ante los trabajadores, los clientes y los socios.
¿Qué peso ha tenido la intuición en sus decisiones?
Muchísimo, pero entendida como experiencia acumulada. La intuición surge de conocer al cliente, de haber vivido el negocio desde dentro y de observar los cambios antes que otros. Después hay que analizar datos y medir riesgos, por supuesto, pero si esperas a tener todas las certezas, muchas oportunidades se escapan.
¿Cómo ve el futuro de Air Europa?
Lo veo con confianza. El mercado es cada vez más competitivo y global, pero Air Europa tiene una posición estratégica muy valiosa, especialmente en las conexiones entre Europa y América. Lo importante es seguir modernizándose, crecer con prudencia y mantener una visión de largo plazo.
«Lo importante es seguir modernizándose y mantener una visión de largo plazo»
El turismo es muy sensible a factores externos (pandemias, guerras, inflación…). ¿Qué ha aprendido sobre resiliencia empresarial en este contexto?
He aprendido que en este sector nunca puedes dar nada por seguro. Una pandemia, una guerra, una subida del combustible o una crisis económica pueden cambiarlo todo en cuestión de semanas. La resiliencia consiste en no hundirse cuando llega el golpe, así como en haber construido antes una empresa con capacidad de aguantar. Hay que tener cintura, negociar, proteger caja, cuidar al equipo y no perder la calma. En los peores momentos se ve si una empresa tiene raíces o solo apariencia.
«El mercado es competitivo pero Air Europa tiene una posición estratégica muy valiosa»
¿Qué consejo daría hoy a quien empieza desde cero?
Que sea honrado, que trabaje mucho y que no espere que nadie le regale nada. Empezar con pocos recursos es duro, pero también te obliga a desarrollar una gran capacidad de esfuerzo. Hay que cumplir la palabra, cuidar al cliente y levantarse cada vez que aparece un obstáculo. Las oportunidades suelen encontrarlas quienes están dispuestos a trabajar para ellas.

Después de toda una vida empresarial, ¿qué le sigue motivando en estos momentos?
Ver que aquello que comenzó desde la nada sigue vivo. Me motivan la empresa, las personas que trabajan en ella y la posibilidad de seguir aportando al turismo español. Mientras tenga fueras, seguiré pendiente porque esto nunca ha sido sólo un negocio; ha sido una forma de vida.
«Me motivan la empresa, las personas que trabajan y el futuro del sector»
Entrevista realizada por Inma Garrido para la revista Europa.